Publicado: 19 de Febrero de 2017

Los actuales ritmos frenéticos de vida de las sociedades actuales marcan nuestras pautas de comportamiento y convivencia del día a día. Nos movemos más, realizamos más actividades, nos relacionamos mucho más, estamos en continuo contacto con la tecnología y, en definitiva, tenemos un amplio abanico de posibilidades varias a realizar que con el paso de los años se vuelve más y más extenso.

 Esto afecta de manera irremediable a la forma en la que educamos o podemos educar a nuestros hijos y a los mecanismos de control que podemos usar para ejercer una cierta vigilancia en las actividades de éstos. Cuando este control es insuficiente o falla y nos alertamos por ciertas conductas que los hijos llevan a cabo y que nos resultan extrañas, una de las opciones que todo padre puede considerar es la contratación de un detective privado. Aunque pueda parecer una medida un tanto extrema y considerada como última opción, no estará de más tenerla en cuenta siempre si, con ella, se obtiene información suficientemente valiosa para conocer la supuesta causa de un grave problema. Esta información estará avalada por la profesionalidad de uno o varios detectives privados que mejorarán enormemente las posibilidades y garantías de las toma de decisiones posteriores; se podrá afrontar el problema con el conocimiento suficiente para abordarlo de la forma más adecuada. Y es aquí donde nosotros, Grupo Link Detectives podríamos ayudarle.

De esta forma, y basándonos en el blog “Escuela para padres – Mi cumbre” (de la página web https://blog.micumbre.com) podemos indicar 20 razones o situaciones en las cuales la contratación de un detective privado podría ser realmente útil en la vigilancia de los hijos:

1.    Cuando se teme que la conducta de los hijos menores de edad, voluntaria o involuntaria, pueda repercutir en consecuencias graves que afecten al patrimonio familiar, por razones de responsabilidad civil subsidiaria.

2.    Cuando intentos constantes de comunicación por parte de los padres hacia sus hijos son resueltos por éstos últimos mediante mentiras o evasivas (acompañados, por supuesto, de conductas anómalas o sospechosas).

3.    Cuando los hijos abandonas el hogar y se desconoce completamente su paradero.

4.    Cuando sufren un grave acoso escolar o “bullying” por parte de compañeros, o en la situación contraria: cuando son partícipes de estas conductas hacia otros jóvenes.

5.    Cuando se perciben signos o huellas de haber recibido malos tratos, físicos o mentales, y se desconocen motivos u origen de los mismos.

6.    Cuando los hijos dan respuestas incongruentes, evasivas o mantienen profundos silencios, supuestamente relacionados con determinados signos externos que puedan llevarnos a pensar que se encuentran en situaciones de violencia activa o pasiva, de consumo o tráfico de drogas, etc.

7.    Cuando pasan muchas horas fuera de casa, ya sea los fines de semana o tras acabar las clases de la escuela, sin querer explicar el qué, dónde o con quién de sus actividades.

8.    Cuando aparecen signos de depresión y trastornos emocionales, producidos por causas exógenas indeterminadas.

9.    Cuando comprueban que miente reiteradamente en algo tan simple como: “me voy a dormir a casa de un amigo”.

10. Cuando ocurre un embarazo no deseado, en hijos menores de edad, con el fin de conocer la identidad del verdadero padre o madre y poder tomar así las medidas correspondientes.

11. Cuando se producen accidentes automovilísticos, agresiones, violencia con daños físicos o materiales, realizados a terceros o por terceros.

12. Cuando faltan continuamente a la escuela sin ningún tipo de justificación, se falsifican notas de asistencia o se desconoce el porqué de los nefastos resultados escolares.

13. Cuando observamos que manejan más dinero del que se les da o pudieran poseer por medios propios y lícitos (se percibe un aumento de sus propiedades materiales tales como ropa, electrodomésticos, viajes, etc.)

14. Cuando aparecen problemas derivados del mal uso o adicción en Internet y se pueda llegar a sospechar de conductas poco éticas llevados a cabo por terceros a través de estos medios.

15. Cuando roban medicinas en el hogar u otros lugares y se sospeche que pueden estar usándolas para producir drogas.

16. Cuando frecuentan clubs nocturnos y regresan a casa en malas condiciones físicas o con síntomas inequívocos de intoxicación por alcohol y otras drogas.

17. Cuando se tenga constancia de que algún hijo se ha metido o esté al borde de meterse en algún problema que pueda derivar en repercusiones graves de tipo civil, penal o económico.

18. Cuando se sospeche que se juntan y relacionan con pandilleros o personas de costumbres delictivas o estén en sectas o asociaciones peligrosas, ya sea como miembros, reclutadores o incluso dirigentes.

19. Cuando sufren un cambio brusco en su relación y comunicación familiar, de amistades o de estudios.

20. Cuando aparezcan síntomas o huellas de trastornos físicos y de la alimentación producidos por padecer de anorexia, bulimia, etc.

Una vez el detective privado haya cumplido con su trabajo, corresponderá a los padres saber utilizar bien la información obtenida. La labor del profesional termina cuando obtiene el material para desarrollar un informe sobre los comportamientos del menor. Los padres, así, podrán trabajar con base a ese documento y podrán decidir con mucho mejor criterio a qué otros profesionales acudir en caso de necesidad (tutores, psicólogos, policía, etc.)

Como pueden observar, son muchas las razones por las cuales podría ser interesante en un momento dado utilizar la ayuda de un detective privado. Una inversión económica a tiempo puede realmente evitar serios futuros problemas.